-Escribe -dijo.
-Tan pronto llegue te escribiré -replicó Julián.
-No. A mí no. Escribe libros. No cartas. Escríbelos por mí. Por Penélope.
Julián asintió, dándose cuenta sólo entonces de lo mucho que iba a echar de menos a su amigo.
-Y conserva tus sueños -dijo Miquel-. Nunca sabes cuándo te van a hacer falta.
-Siempre -murmuró Julián, pero el rugido del tren ya les había robado las palabras.

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